[…] era ilusorio y casi imposible proponer a los niños “otra” imagen del pasado, cuando sus padres, la sociedad francesa, los dirigentes, los educadores están impregnados de estereotipos históricos trasmitidos por la escuela durante un siglo. Debía dirigirme pues a un público de mayores.
Suzanne Citron2

Me gusta empezar mi reflexión con esta frase, porque refleja lo que siento. ¿Es posible otra imagen de la historia en mi trabajo cotidiano con adolescentes? ¿La aceptación de esta historia es posible? ¿La historia “nacional” tiene alguna utilidad en pleno siglo XXI como seguramente la tuvo en otros tiempos?
Cuando intento proponer a mis alumnos “otra” imagen del pasado de la construcción de la nación ‒como dice Citron‒ las reacciones pueden englobarse en dos tipos: 1) que yo les miento o exagero, o 2) que les mintieron desde la escuela. Parece ser que los planteos dicotómicos están instalados en esta reflexión. Por eso, el título parafraseando al himno nacional uruguayo. Estas reacciones aparecen cuando planteo diferentes posturas historiográficas con respecto al nacionalismo, y más que nada, en lo referente al proceso de emancipación (como gustó llamarlo el gobierno en los festejos del Bicentenario en el Uruguay).